martes, 28 de octubre de 2008

BUSCANDO

El azul del cielo hacia daño en los ojos por la intensidad de su luz y no quedaba más remedio que bajar la mirada a la fresca sombra del monte bajo que cubría generosamente la tierra reseca por el sol y las rocas que emergían aquí y allá como duendes traviesos y grises.
Mis botas estaban manchadas de tierra seca y en mi boca también se había secado ya el arroyuelo de palabras con las que pretendía refrescar tus oídos.
Miré a mis manos buscando algo perdido y mis ojos, que amenazaban lluvia, solo descubrieron los callos de un mendigo. Mis manos eran mendigas de tus miradas y mis ojos empezaban a humedecerse porque ya no cantaba el río de mi boca.
Te busqué entre las nubes de un blanco imposible de mirar, te busqué entre las sombras de los árboles, los matojos de jara y las ortigas, te busqué sobre y bajo el fuego de las rocas, en mis botas sucias, en mis manos mendigas, en mis ojos húmedos y en mi boca seca…
Te busqué sin esperanzas, sueño roto en la orquesta de grillos, baile de loco en la danza del viento entre las ramas.
Te busqué… Pero nunca has existido. Eres un sueño no soñado, niña esperanza muerta antes de ser concebida. Cielo azul para un ciego, agua fresca envenenada.
Y me quedé allí, bajo el sol abrasador y el cielo azul y el verde erótico de los árboles. Quieta sobre mis botas sucias y mis manos mendigas, ni una palabra para secar mis ojos y mojar mi lengua, ni una sola gota de agua para humedecer mi alma.
Busqué tu nombre, tus ojos, tu cuerpo, tu voz… Nunca has existido.